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Estética

Hidratación para una piel sana

Por 19 agosto, 2019 Sin comentarios

Una piel hidratada es piel sana y protegida

“Mantener nuestro cuerpo hidratado es imprescindible, tanto a nivel de salud como de estética”. Este concepto, ampliamente conocido y aceptado en la sociedad es, sorprendentemente, poco aplicado en la práctica.

Todos sabemos que debemos mantener nuestro cuerpo y nuestra piel hidratados, pero cuando hablamos de rutinas diarias de cuidado básico, nos encontramos que un alto porcentaje de la población aún descuida este aspecto.

Para tratar de poner remedio a este problema, vamos a explicar cuál es la función del agua en nuestra piel y cómo podemos ayudar a mantener unos niveles adecuados de hidratación. ¡Seguro que una vez que hayamos entendido su importancia, dedicamos más tiempo y recursos a la hidratación de nuestra piel!

 

¿Por qué es importante mantener la piel hidratada?

El líquido de nuestra piel actúa, junto con los lípidos, como una barrera que nos protege de agresiones externas. Además, aporta elasticidad, mantiene el pH de la piel y favorece la oxigenación de la misma. Contribuye a la destrucción de las células muertas y ayuda a potenciar la eficacia de los tratamientos específicos que apliquemos sobre ella.

Por ello, mantener unos niveles de hidratación para una piel sana y protegida, sino también es una piel de aspecto más suave, liso y luminoso.

No obstante, estos niveles hídricos varían continuamente debido a diferentes funciones corporales como el sudor, factores externos como la contaminación, o a consecuencia de hábitos poco saludables como el tabaco. Si disminuyen en exceso, dan lugar a una piel poco hidratada, frágil, seca, tirante y tendente al envejecimiento prematuro y a la aparición de arrugas, líneas de expresión, etc.

 

¿Cómo podemos conseguir una piel hidratada?

La ingesta habitual de agua y una dieta cuidada (rica en frutas y verduras) supone una fuente natural de reservas hídricas, imprescindible para que nuestra piel luzca su mejor aspecto. Pero, además, es necesario cuidar la hidratación externa de la piel con la ayuda de cremas y productos hidratantes. La aplicación de una crema hidratante en nuestro cuerpo nos llevará muy pocos minutos y nos otorgará muchos beneficios.

Para empezar, debemos elegir la crema más adecuada a nuestro tipo de piel. En este sentido, una falsa creencia muy extendida es la idea de que solo las pieles secas necesitan un aporte extra de hidratación. Si bien en cierto que en las pieles secas los síntomas se agravan debido a que pierden elementos grasos en una proporción mayor, todas las pieles pierden agua y por tanto todas necesitan ser hidratadas. La clave está en seleccionar nuestra hidratante en función de las características de cada piel (seca, mixta o grasa) para obtener unos resultados más satisfactorios.

¿Hay que tener en cuenta la edad para hidratar la piel?

Además del tipo de piel, cuando elegimos una hidratante es necesario tener en cuenta nuestra edad (con el paso de los años la piel se vuelve más seca) y los factores internos y externos a los que la sometemos. En función de las características de nuestra piel y nuestro estilo de vida, las necesidades de hidratación también serán diferentes. Por ello, es necesario que, entre la gran variedad de productos que podemos encontrar en el mercado, dediquemos un tiempo para seleccionar la crema hidratante que mejor se ajuste a nuestras necesidades.

Aunque existen productos indicados para todas las estaciones del año y momentos del día, hay que tener en cuenta estos datos a la hora de elegir nuestra crema elegir nuestra crema, también nos ayudará a obtener una hidratación para una piel sana. Así, podemos elegir diferentes productos hidratantes para el día y para la noche. Por ejemplo, en el caso de las cremas que además contienen un factor de protección solar, debemos limitar su aplicación únicamente al día, mientras que en las cremas de noche debemos buscar que contengan elementos que estimulen el proceso de renovación celular.

¿Y en las diferentes estaciones?

Cabe destacar que, aunque debemos cuidar la hidratación de nuestra piel durante todo el año, en verano esta necesidad aumenta debido a los efectos de la exposición solar, la sequedad ambiental, el calor. La acción de otros factores como el agua salada del mar o el cloro de la piscina que tienen un efecto negativo sobre nuestra dermis, incrementando su sequedad y dándole un aspecto más áspero y tirante.

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